31 de agosto de 2012

Comunicar las propias ideas

Vivimos en la era de la comunicación. Nunca antes la comunicación entre las personas había sido tan sencilla, rápida y asequible. La era de internet ha cambiado nuestro modo de vida. Y las sucesivas revoluciones de internet (la web 2.0, 3.0...) no hacen sino acelerar aún más este cambio. Ahora cualquier persona tiene la posibilidad, no sólo de encontrar y recibir la información que desea, sino también de dar a conocer sus pensamientos y opiniones. Las páginas web, las blogosfera y ahora las redes sociales ofrecen oportunidades de comunicación que hace unos pocos años eran impensables.

Se ha dicho que con internet se lee menos y que el libro de papel tiene los días contados; también se ha afirmado que las nuevas generaciones han perdido el hábito de escribir y redactar. El tiempo dirá si esto es verdad, pero, de momento, lo cierto es que ahora se lee y se escribe mucho más, aunque de otra manera: en una pantalla de ordenador. Además, la revolución digital ofrece cauces excelentes para comunicar las propias ideas. Aunque los nuevos medios tienen sus formatos y códigos propios, la base de la comunicación siempre será el lenguaje, escrito o hablado. Para comunicar bien es preciso escribir y hablar bien.

Las comunicaciones del Forum UNIV ofrecen la oportunidad de investigar un tema, exponerlo por escrito y luego presentarlo oralmente. Todas estas actividades desarrollan la capacidad de comunicar eficazmente en la era digital. Y puesto que habitualmente los temas de las comunicaciones abordan cuestiones  de tipo cultural, moral y social es especialmente importante cuidar la forma en que se presentan. Cada vez más, la forma es casi tan importante como el contenido, porque no se trata sólo de afirmar y demostrar que algo es verdad, o que se considera que una en concreto es la solución adecuada a un problema, sino que lo que se pretende es comunicar esa verdad, de modo que el lector, espectador o interlocutor entienda nuestra postura y comprenda las razones en que se sustenta. Un claro fracaso de la comunicación es lo que en algunos países de habla española se llama el "diálogo de besugos": una conversación en la que los implicados no se escuchan o no hacen ningún esfuerzo por entender lo que la otra persona dice. En el diálogo no se trata de vencer, sino de convencer.
En la exposición de un tema, ya sea un artículo de prensa, una entrada de blog o un trabajo académico, ayuda tener en cuenta los siguientes principios (esta es sólo una breve lista, en los enlaces que hay más abajo se puede encontrar más información):
  • Claridad. El mensaje que se quiere transmitir tiene que quedar claro. A eso puede ayudar la ficha de inscripción, que obliga a hacer un resumen y a definir los objetivos.
  • Estructura. La estructura de una comunicación al Forum UNIV es argumentativa: se describe un problema o situación, se parte de una (o varias) hipótesis sobre sus causas o sus soluciones, se examinan las hipótesis y se llega a unas conclusiones, en las que se modifica (o no) la hipótesis de partida.
    • Antes de escribir la comunicación, el grupo tiene que hacerse un esquema con las partes y la argumentación que se va a seguir. Es bueno hacer evidente esa estructura describiéndola, por ejemplo, en la introducción, de modo que el lector sepa qué se va a encontrar y qué camino tiene que recorrer.
    • Una regla útil:  "Primero, decir lo que se va a decir; después, decirlo; y, al final, decir que se ha dicho". Esto es válido para la comunicación entera, para cada uno de sus apartados y, también, para la exposición oral.
    • Se suele decir que toda buena noticia periodística debe responder a las "cinco w" (por el inglés): quién (who?), qué (what?), dónde (where?), cuándo (when?), por qué (why?). Esto es válido también para otras formas de comunicación. No hay que dar nada por supuesto en el lector.
  • Pensar en el destinatario. En el caso de las comunicaciones el destinatario no es un público especializado ni un tribunal de profesores, pero tampoco un grupo de amigos. El destinatario es el público general. Siempre ayuda buscar un "terreno común" con el interlocutor, es decir, empezar por o destacar aquellos puntos que sabemos que el otro comparte para, a partir de ellos, desarrollar nuestra argumentación.
  • Tono adecuado. Hay que distinguir entre el registro propio del lenguaje coloquial y el del lenguaje escrito. Una comunicación exige un lenguaje formal, pero no de modo que resulte aburrido (como un artículo de enciclopedia) y no sea capaz de interpelar al lector o, por ejemplo, de despertar su humor. El humor, especialmente el humor inteligente, es siempre recomendable.
  • Captatio benevolentiae. Una regla clásica de la retórica es comenzar todo escrito o discurso despertando el interés del lector, captando su atención y, por así decir, poniéndolo de nuestra parte. Para ello puede ser útil:
    • Empezar de un modo sorprendente, ofreciendo datos o planteando preguntas que despierten la curiosidad o la atención.
    • Mostrar la importancia del tema que se estudia para resolver un problema importante o general, o para enfocarlo de un modo más adecuado.
    • Explicar la relevancia del tema elegido para entender otras cuestiones que interesan al lector.
    • Ser original, utilizando recursos literarios o de oratoria (provocar la sonrisa, la reflexión o, incluso, la indignación por lo que se narra).
  • Figuras retóricas. Una buena idea mal expresada pierde mucho de su valor. La retórica consiste en el arte de bien decir y tiene algunas figuras muy fáciles de usar, tanto en una frase como en un párrafo o en un texto:
    • Anáfora: comenzar varias frases con la/s misma/s palabras.
    • Antítesis o contraste: oponer dos ideas contrarias para marcar su oposición o aclarar lo propio de una de ellas.
    • Interrogación retórica: hacer una pregunta, pero no para que se responda (probablemente, porque ya se sabe la respuesta), sino para conseguir que el lector/espectador piense en ello o se represente algo determinado.
    • Ironía: afirmar lo contrario de lo que se quiere decir.
    • Juego de palabras: usar un significante con dos significados distintos.
    • Metáfora: usar una imagen para referirse a un término real.
    • Paradoja: relacionar dos ideas que, a primera vista, parecen contradictorias, pero en realidad no lo son.
  • Corrección ortográfica y gramatical. Un texto mal escrito o con errores pierde mucha fuerza, porque transmite la impresión de que quien lo ha escrito no tenía el conocimiento necesario o no ha hecho el esfuerzo de revisarlo.
    • Los correctores ortográficos de los programas de procesamiento de texto son muy útiles. Conviene usarlos siempre.
    • Habitualmente surgen dudas que se deben solventar recurriendo a los diccionarios o gramáticas. Hay algunos enlances más abajo.
    • Las frases deben tener la estructura básica "sujeto-verbo-predicado" (aunque parezca obvio, no es raro olvidarse o darlo por sobreentendido cuando se está escribiendo un texto largo).
    • Un capítulo o apartado se divide en párrafos. Cada párrafo debe contener, más o menos, una sola idea principal.

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